Todo un hombre

Encontré este cuento de Juan Bosch en mis documentos y quise compartirlo. Me gustó mucho porque describe una situación muy dominicana que todavía hoy día se manifiesta en algunos lugares. Disfrutenlo.

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Yeyo va a explicar su caso. Tiene gestos parcos y voz sin importancia. La gente se asombra de verle tan humilde. Es de cuerpo mediano, de manos gruesas y cortas, de ojos dulces. La verdad es que parece avergonzado de la importancia que le da el público. El juez le mira con fijeza y la gente se agolpa y se pone de pie. Yeyo está contando su caso con una tranquilidad desconcertante.

El había oído hablar de Vicente Rosa, claro. En la región nadie ignoraba su fama; además, lo había visto con frecuencia. Vicente Rosa era lo que muchos llaman un hombre de sangre pesada. ¿Antipático? No; a él, Yeyo, no le caían los hombres ni mal ni bien; cada uno es como es y eso no tiene remedio. Pero si le preguntaran qué clase de hombre le parecía ser Vicente Rosa diría que un abusador. , Cuando estaban construyendo la carretera de Jima le dieron a Vicente un cargo de capataz y estableció una casa de juego. Los peones, campesinos ignorantes, muchos de ellos haitianos, perdían allí el escaso jornal; después caían desfallecidos de hambre sobre el camino que construían, y Vicente tos arreaba a planazos. Un día los infelices se negaron a seguir siendo explotados. ¡Mala idea! Vicente montó en cólera y empezó a repartir machetazos. Algunos quisieron defenderse, pero aquel hombre era un torbellino. Abrió cráneos, tumbó brazos, seguido de los seis o siete amigos que les salen siempre a tales fieras, y entre alaridos de mujeres y de niños echaba por tierra los bohíos y les prendía fuego. Hasta los montes vecinos persiguió a los aterrorizados peones, y después se las arregló tan bien con la gente del pueblo que hasta presos fueron algunos de los perseguidos. Siempre sucede igual, claro, y también le parecía a Yeyo que tal cosa no tiene remedio.

Lo malo estuvo en que Vicente Rosa abusó de su fama de guapo. En la gallera nadie se atrevía a cobrarle si perdía, y cuando entraba en una pulpería el pulpero rogaba a Dios que se fuera pronto. Lo mismo si estaba una hora que si estaba diez bebiendo, decía tranquilamente que le apuntaran lo que fuera y nunca se acordaba de la deuda. En las fiestas le quitaba a los hombres las parejas sin decir palabra... Un hombre sangrudo, lo que se dice sangrudo.

El caso con Yeyo ocurrió así:

Por las vueltas de Pino Arriba vivía Eleodora. Toda la gente que llenaba la sala del tribunal vio a Eleodora. Bajo el pelo de brillante negrura mostraba la frente trigueña; después, las cejas finas, los ojos pequeños, y la nariz y la boca. ¡Qué boca, Dios! Sonrió dos veces y la gente se moría porque lo hiciera de nuevo. Era una boca menuda, de labios carnosos y dientes macizos. Cuando el juez le ordenó levantarse para jurar, muchos hombres la miraron alelados. ¡Eso sí era mujer! Eleodora miraba a Yeyo con simpatía y la gente no quería admitir que hubiera algo entre dos seres tan distintos.

Yeyo era muy firme hablando. El juez preguntó:
—¿Estaba usted enamorado de la joven?

—Me gustaba —dijo resueltamente.

—Yo le pregunto a usted si estaba enamorado.

—Eso de enamorarse no es asina, señor. A uno le gusta lo bonito, pero enamorarse viene de adentro y asigún las condiciones de la mujer. Tal ve andaba por enamorarme... No se lo puedo asegurar, pero si el señor me lo permite le diré que lo que pasó hubiera pasao manque ella hubiera sido vieja y fea.

Descontando todos los circunloquios de la tramoya judicial, el caso puede sintetizarse así: Vicente Rosa, con su fama de guapo y sus ojos atravesados, estaba un día dándose tragos en la pulpería de Apolonio Torres, y allí mismo, sentado sobre una pila de aparejos, fumaba pacíficamente su cachimbo Yeyo Ramírez. Por dos veces estuvo Vicente mirándole con sorna. Yeyo, tranquilo, indiferente, le devolvía las miradas. Parece que Vicente perdió los estribos. Ordenó un trago de cuatro dedos y se dirigió con él hacia Yeyo.

—iBeba, decolorío! —ordenó.

El joven no movió un músculo. Simplemente respondió:

—No bebo, amigo.

—¡Beba, le digo! —tronó el guapo.

—Le he dicho que no bebo.

— iBeba! ¿O no sabe quién le habla?

—Sí, yo lo sé; usté es Vicente Rosa, pero yo no bebo.

Los tres o cuatro hombres que estaban en la pulpería se apresuraron a intervenir. Un viejo negro explicó:

—No puede, amigo; ta enfermo.

Yeyo rectificó fríamente:

—Unq unq, no toy enfermo na. Lo que pasa es que no me da la gana de complacer al amigo.

Vicente Rosa hizo ademán de irle arriba, pero se le echaron encima los demás y lo contuvieron. Tenía los ojos fulgurantes como candelas y soplaba como animal.

—Váyase, Yeyo —rogaba el viejo negro.

—No puedo —explicaba Yeyo—, porque ta al caer una jarina y si me mojo me da catarro.

Hecho un ciclón, Vicente Rosa luchaba por desasirse de los otros, y hacía temblar toda la pulpería.

—Aquiétese, Vicente, aquiétese —suplicaba el pulpero.

Sólo Yeyo estaba tranquilo allí. Seguía fumando con escalofriante serenidad y sus ojos dulces parecían ver el tumulto desde lejos. Por segundos volvía la mirada hacia el camino real, como si no tuviera que ver nada con lo que sucedía. El color azul de las lomas presagiaba lluvia.

—Vea que viene gente, Vicente —dijo el pulpero.

Y en efecto, llegó gente. Al ver la brega Eleodora se detuvo un instante, pero en seguida alzó la voz para pedir media libra de azúcar y un centavo de jabón, y esa voz, que parecía un canto de ruiseñor, aplacó la reyerta. Fue un toque mágico. Vicente Rosa abrió la boca y desendureció los ojos. La muchacha, cortada, se volvió a Yeyo. Había percibido el ambiente de violenta admiración que había estallado a su presencia y parecía avergonzada.

Yeyo se levantó y se dirigió a ella.

—i Ha visto? Ya empezó la jarina.

La muchacha se lamentó:
—Anda la porra, dique llover agora—. Y miró hacia el camino.

El que no quiso ver la llovizna fue Vicente Rosa. Ni se movía ni hablaba ni parecía recordar su reciente furia. Eleodora se puso de espaldas al mostrador. En el inicio de sonrisa que le llenaba et rostro de gracia se le veía el placer que le daba tanta admiración, aunque pareciera estar solamente interesada en el leve caer de la llovizna que iba haciendo brillar las hierbas y que empezaba a engrosar imperceptiblemente, cubriendo en la distancia la masa negruzca de las lomas.
De súbito aquella calma se rompió con unos pasos felinos de Vicente Rosa. Sus ojos volvieron a tener el brillo de antes y su boca volvió a mostrar el mismo gesto desdeñoso. Echó el cuerpo sobre el mostrador, mientras Eleodora simulaba estar tranquila. Vicente Rosa se le acercó más. Eleodora hizo un movimiento inapreciable, rehuyendo al hombre, y cruzó los brazos. Poco a poco su cara iba haciéndose pálida y dura.

Con una insultante sonrisa de media cara, Vicente Rosa preguntó:
— ¿Cómo te llamas, lindura?

—Eleodora —contestó ella secamente.

—Tú vas a ser mujer mía —aseguró el.

Ella le cortó de arriba abajo con una mirada relampagueante y se apartó más. Entonces Vicente Rosa levantó una mano y la asió por la muñeca. La muchacha se revolvió y empezó a injuriarle. Yeyo Ramírez puso el cachimbo en el mostrador.

—Suéltela, amigo —dijo con voz serena.

Vicente soltó una palabra gruesa y se le fue encima a Yeyo. Pero Yeyo no esperó el ataque. Del mostrador, sin que nadie supiera cuándo, tomó la botella de ron con que el pulpero servía a Vicente. Los hombres corrieron, dando voces, a meterse entre los dos, y Eleodora lanzó un grito al ver la botella hecha pedazos y la sangre salir a chorros. Vicente Rosa quiso levantarse y sacar el cuchillo que llevaba a la cintura, pero Yeyo le sujetó el brazo, se lo torció hasta hacerle soltar el arma y después le pegó con el pie en la cara. El pulpero se llevaba las manos a la cabeza. Yeyo se volvió a la muchacha. Estaba un poco pálido, pero la voz no se le había alterado.

—Venga, que la voy a llevar a su casa —dijo.

La sentía temblar a su lado y veía gente correr hacia la pulpería. Cuando llegaba a la puerta del bohío de Eleodora, dijo:

—Anda... Se me quedó el cachimbo en la pulpería. Déjeme ir a buscarlo.

Eleodora estaba tan asustada que no trató de impedirlo.

Cuando los pocos amigos de Yeyo se enteraron de lo que había pasado, se presentaron en su casa. Yeyo vivía solo. Tenía un conuquito bien cuidado, que desde el mismo bohío iba en suave pendiente hasta las orillas del arroyo. Aislado en aquel campo de viviendas desperdigadas, forjaba su vivir pacientemente, sin meterse con nadie. Un compadre suyo quiso dormir con él esa noche.

—No me ofenda, compadre —dijo secamente.

El compadre se fue cuando ya la noche confundía los árboles y las piedras, las alambradas y el camino.

Yeyo no se durmió en seguida. Apagó la luz y estuvo fumando su cachimbo y pensando en lo ocurrido. Recordaba fijamente cada movimiento de Vicente Rosa,
y recordaba también, no sabia por qué, el caballito que tenía estampado la etiqueta del ron. Percibió un aire fresco.

—Qué calamidá —se dijo—, presentarse tiempo de agua con el arroz madurando.

El aire indicaba que la lluvia seguiría. Había llovido hasta medio día, pero después paró de llover y el agua caída apenas reblandeció los caminos.

No le daba sueño a Yeyo. ¿Le gustaba Eleodora? Sí, le gustaba. Ahora, que para casarse... eso había que verlo. El sopechaba que a la muchacha le agradaba más de la cuenta que los hombres la galantearan.

Los amigos decían que Vicente Rosa iba a cobrarse la herida. Bueno, que lo hiciera. A él no le preocupaba eso gran cosa. Le molestó un poco darse cuenta de que estaba atento a los rumores de afuera. El silencio del campo, sostenido bajo el pausado ronronear de la brisa, hacía que la noche fuera grande e impresionante. Acaso tremolaban las hojas de un mango, tal vez una yagua vieja del techo se levantaba y tornaba a caer. El oído de Yeyo sabía distinguir cada ruido. Dejó de fumar, golpeó el cachimbo contra la palma de una mano, se puso de lado y se cubrió lo mejor que pudo.

El sueño empezó a llegar lentamente. Al principio era como una remota sordera que apagaba los rumores más fuertes al tiempo que hacía perder la noción de ciertas partes del cuerpo; después el mundo fue reduciéndose, haciéndose más pequeño, más diminuto, hasta que llegó el momento en que los ruidos de afuera, el frió, la aspereza del catre, se esfumaron del todo. Pero todavía quedaba un punto imperceptible, una línea inapreciable, que duraría menos que todo lo que puede medirse. Iba a pasar ya al sueño completo. Y ahí fue cuando Yeyo alzó de golpe la cabeza. Había oído pasos. Sonaban apagados y lentos, pero eran pasos. Yeyo aguzó su atención. Se oían unas voces casi no dichas. Le pareció que alguien recomendaba irse por detrás del bohío. Creyó oír que decían:

Yo me quedo aquí.

—Vicente Rosa —dijo Yeyo, en un susurro.

Con extraordinario sigilo, cuidándose de que el catre no hiciera ruido, se fue echando afuera y le parecía que nunca iba a lograrlo. De la silla cogió la ropa y sujetó el cinturón por la hebilla, para que no sonara; después se puso la camisa, pero sin abotonarse. Todavía tuvo tiempo de llevarse el sombrero a la cabeza, pues se preparaba como si fuera a salir. Andaba buscando a tientas el cuchillo sobre la silla cuando llamó una voz desconocida:

— iYeyo, Yeyo, alevántese!

No respondió. Aún no daba con el cuchillo. La voz sonaba por un lado del bohío. ¿Quién sería ese perro? Algún amigote de Vicente Rosa. Y Vicente Rosa debía estar en la puerta, acechando que él saliera para asesinarlo.


TODO UN HOMBRE

—iYeyo, Yeyo, alevántese)

Buscaba aún. Iba a ponerse nervioso. Lo mejor era desentenderse de todo y hacer luz, qué caray. De todas maneras iban a matarlo. Le había llegado su hora; eso era todo. Pero en ese momento, cuando ya estaba buscando en el bolsillo del pantalón la caja de fósforos, recordó que había puesto el cuchillo en el catre, bajo la almohada.

La voz llamó de nuevo. ¿Quién sería el condenado ése?

Yeyo se pegó a la pared, y con pasos cuidadosos se arrimó a la puerta; después, empleando la mano izquierda, fue levantando la aldaba sin que se produjera el menor sonido; y de golpe abrió la puerta y avanzó.

—Vide una sombra —explica— y le metí el cuchillo. Asina fue el asunto.
La gente alza la cabeza para ver el rostro de Yeyo. El no dice una palabra más y el silencio de la sala se hace palpable. El juez levanta la mirada.

Dígame, acusado: ¿por qué sabiendo usted que quien estaba en la puerta era Vicente Rosa, y que iba a matarlo, no se quedó en su catre, con lo cual hubiera podido evitarse la tragedia?

Yeyo pone cara de persona que no entiende y mira en redondo hacia el público como buscando que alguien le explique tan extraña pregunta.

Le he preguntado —insiste el juez— ¿por qué no se quedó acostado, con lo cual se hubiera evitado la tragedia?

Yeyo parece comprender entonces. Tranquilo, con su voz dulce y sus ojos inocentes, se vuelve hacia el magistrado y dice:

—Porque cuando a uno van a llamarlo a su casa, manque uno sepa que es pa matarlo, su deber ta en atender al que lo llama.

Cuento de Juan Bosch.

Lo volvieron a hacer

Ayer fuí a pagar el servicio de internet banda ancha que uso para publicar en este espacio, y Oh sorpresa cuando me digeron que el saldo era de $ 4,000 y pico cuando en realidad es de $960. El alegato es que sobrepasé el límite de 1000MB que ofrece este servicio y por eso el sobrecargo.

Ahí tienen la imagen del softwere que registra todas mis cargas y descargas de internet. Siempre lo tengo abierto cuando navego, para evitar un sobrecargo que me haga pagar más. Ahí pueden ver unos números que correspongen a los MB que descargo mensualmente, en el primer cuadrito rojo verán la cifra más alta a la que llegado desde que tengo este servicio 953.97MB, el més pasado fué menor pero Claro dice que fué de 3000MB y pico.

Ya me pasó unos meses atrás, pero esta vez no se saldrán con la suya porque descubrí un posible error que me servirá de prueba.

Ayer me sentí muy frustrado y triste porque todo esto me parece una estrategia para que yo desista de mi servicio limitado y me vea obligado a solicitar el ilimitado que es, por su puesto, más caro. Es como lo que ocurre con Dial Up, una conexión inestable y fastidiosa que obliga al cliente a correr a solicitar Flash.

Si estoy en lo correcto en cuanto a esta sucia estrategia (podría tratarse de un error de su sistema), es una prueba más de lo despiadado que pueden llegar a ser las gigantes empresas para sacarle el jugo a sus clientes. Este es sólo uno de tantos casos que involucra a tantas empresas en todo el mundo.

¿Se ha visto alguien en una situación similar?

Me estuve preguntando

Hablando con mi amigo Steve el domingo pasado, en una de esas conversaciones que siempre comienzan y terminan criticando muchas de las cosas que nos fastidian del país y que quisiéramos cambiar, terminé (como en otras ocaciones) dudando de que el objetivo a atacar (para resolver nuestro principal problema) sea el gobierno.

Desde hace un tiempo veo a los administradores del gobierno como simples oportunistas que se están aprovechando del mal principal de nuestro país, sin duda alguna son partícipes de este problema, pero no son los absolutos responsables del mismo.

Tendría que desarrollar un extenso ensayo explicando lo que llamo "el mal principal del país". Para que se hagan una idea, me refiero a la decadencia moral, la ineptitud, la mediocridad, el poco amor y respeto al prójimo etc X 1000 que crece y se expande en nuestra sociedad.

Aquel mismo domingo conversando con Steve, recordé un comentario que había escuchado justamente el día anterior: "Armas y sangre" exclamó un compañero de la clase de fotografía refiriéndose a la solución que resolvería nuestros problemas. Y desde entonces me estuve preguntando !A las armas! ¿contra quién?

Noticias

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2. Corea del norte como chivo sin ley. Esta gente está haciendo sus pruebas balísticas por encima de todos, otro ejemplo más de la debilidad de la ONU. Más...

Entonces somos optimistas

A pesar de todas las calamidades, incluso de la crisis económica mundial, de las guerras o de la amenaza de una pandemia de gripe, los seres humanos seguimos siendo optimistas por naturaleza, según revela un nuevo estudio realizado por la Universidad de Kansas y presentado ayer en la reunión anual de la Association for Psychological Science en San Francisco. La conclusión procede de una encuesta realizada a más de 150.000 adultos de 140 países.

Según los datos del sondeo, el 95% de la población mundial cree que los próximos cinco años serán tan buenos o mejores que los cinco anteriores. “hemos demostrado que el optimismo es un fenómeno universal”, concluye Matthew Gallagher, responsable del estudio. Los niveles más altos de optimismo se han detectado en Irlanda, Brasil, Dinamarca y Nueva Zelanda. Los índices más bajos están en Zimbabwe, Egipto, Haiti y Bulgaria. España se sitúa también entre los países más optimistas, por encima de nuestros vecinos franceses y portugueses.
Fuente: Muy Interesante.

A ver si les cuento algo

En vista de que mi servicio de internet está al tri de explotar (50megas left) no tengo más remedio que cambiar un poco la temática diaria en BJ, al menos hasta que se reinicien los megas del servicio banda ancha el día 1ro. Creo que es el mejor momento para desarrollar temas más intelectuales o talvez darle un poco de calor a la categoría "personales" que tengo tan abandonada.

Eso también significa publicar sin imágenes. Ya verán lo raro que se verá este espacio dentro de unos días por falta de imágenes y el colorido que éstas le imprimen. Bueno creo que eso se puede remediar tirándome otra vez a la calle con mi cámara en mano.

Que les puedo contar. Uhmmm, bueno que me siento algo fastidiado al ver que tendré que disminuir al 80% mis actividades diarias en internet durante 6 días por no poder pagar un servicio ilimitado.

Sólo espero que los temas que improvise a partir de mañana los mantenga contentos y los motive a comentar. Para mí es una situación algo frustrante, pero tengo el leve presentimiento de que algo bueno saldrá de todo esto.

Hasta luego.

Perdonen la poca variedad

Se que están acostumbrados a encontrar cierta variedad de infos cada día en BJ. Durante los próximos 6 días eso cambiará un poco porque estoy usando un servicio de internet limitado el cual ya está alcanzando el límite. A partir del próximo lunes 1ro todo volverá a la normalidad. Disculpen el aburrimiento que esto les pueda causar.

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1. Planean cambio radical en la JCE. Ya aquí no saben que hacer, el asunto es cambiar y cambiar. Más...

2. Baleados en acto religioso. Fundamentalistas abrieron fuego contra fieles en viena. Más...

Hombre / Mujer

Por mucho que se esfuerzen algunos en contradecirlo, las diferencias entre hombres y mujeres son muy marcadas y vivímos encontrando ejemplos que nos restregan estas diferencias es la cara. Lean lo que reciví en mi correo, algo para reirse pero que es verdad.

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No lo inventé yo, son las consideraciones que tiene la sociedad según el sexo.

Zorro = Héroe justiciero
Zorra = Puta

Perro = Mejor amigo del hombre
Perra = Puta

Aventurero = Osado, valiente, arriesgado.
Aventurera = Puta

Cualquier = Fulano, Mengano, Zutano
Cualquiera = Puta

Callejero = De la calle, urbano, citadino.
Callejera = Puta

Hombrezuelo = Hombrecillo, mínimo, pequeño
Mujerzuela = Puta

Hombre público = Personaje prominente. Funcionario público.
Mujer pública = Puta

Hombre de la vida = Hombre de gran experiencia.
Mujer de la vida = Puta

HEROE = Ídolo.
HEROÍNA = Droga

ATREVIDO = Osado, valiente.
ATREVIDA = Insolente, devergonzada

SOLTERON = Codiciado, inteligente, hábil.
SOLTERONA = Quedada, poco deseada, la dejó el tren

DIOS = Creador del universo y cuya divinidad se transmitió a su Hijo varón por línea paterna.
DIOSA = Ser mitológico de culturas supersticiosas, obsoletas y olvidadas.

SUEGRO = Padre político.
SUEGRA = Bruja, vieja intrusa

MACHISTA = Hombre viril, macho
FEMINISTA = Loca, amargada, resentida

DON JUAN = Hombre galante, seductor
DOÑA JUANA = La mujer de la limpieza

En cartelera

Director: Miguel Vasquez
Reparto: Pedro Martinez, Alex Rodriguez, Manny Ramirez, Miguel Dilone, Ricardo Carty, Felipe Alou, Chilote Llenas, Moises Alou, Luis Polonia, Miguel Tejada, David Ortiz, Sammy Sosa, Juan Marichal.

Cuenta la historia del principio de nuestro baseball, con testimonios y vivencias de nuestros mas destacados peloteros, retirados, activos. El largometraje que trae ha pantalla gigante dulces recuerdos de momentos de gran emocion del Baseball dominicano (LIDOM) y las Grandes Ligas (Mayor League Baseball).

Horarios y cines donde puedo ver este documental aquí...