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Etanol de naranja

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Curiosidades de los premios Novel

Otorgados por primera vez el 10 de diciembre de 1901, los Premios Nobel se quedaron desiertos en seis ocasiones: 1916, 1931, 1934, 1940, 1941 y 1942.

El Premio Nobel más joven hasta la fecha ha sido el físico Lawrence Bragg, que tenía 25 años cuando recibió, junto a su padre, el galardón por la investigación de los fenómenos de refracción y difracción de los rayos X.

El laureado de más edad fue Leonid Hurwicz, que ya había cumplido los 90 años cuando le concedieron en 2007 el Premio Nobel de Economía.

Sólo 38 Premios Nobel hasta ahora han sido mujeres, frente a 761 hombres.

La familia Curie es la que más galardones ha acumulado en la historia de estos premios. Dos Nobel fueron a parar a manos de Marie Curie, uno de ellos compartido con su marido Pierre Curie. Y la hija del matrimonio, Irène Joliot-Curie, recibió junto a su marido Frédéric Joliot el Premio Nobel de Química en 1935 por sus trabajos en la síntesis de nuevos elementos radiactivos.

Adolf Hitler obligó a tres premios Nobel a rechazar el galardón. El primero fue Richard Kuhn (1938), Premio Nobel de Química. Al año siguiente hizo lo mismo con Gerhard Domagk (Fisiología y Medicina) y Adolf Butenandt (Química).

Copy/Paste: Muy interesante.

IgNobel a los hallazgos más absurdos

Los premios IgNobel son una parodia de los prestigiosos premios Nobel que cada año por estas fechas otorga la revista humorística de Harvard Annals of Improbable Research. En esta edición, el premio de Economía recayó en los gerentes de los bancos Kaupthing, Landsbanki, Glitnir y del Banco Central de Islandia "por demostrar que los bancos pequeños se pueden convertir rápidamente en enormes y viceversa".

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La doctora Elena N. Bodnar y sus colegas de Illinois recibieron anoche el premio IgNobel a la salud pública por diseñar y patentar un sostén que puede transformarse en un par de máscaras de gas, una para la usuaria y otra para algún necesitado.

Entre los galardonados estaban también el patólogo Stephan Bolliger y sus colegas de la universidad de Berna (Suiza), que fueron premiados por un estudio realizado para determinar si una botella vacía de cerveza hace más o menos daño al cráneo humano que una llena durante una pelea de bar. "Ambas son suficientes para romper el cráneo. Sin embargo, las vacías son más solidas", explicó Bolliger en un correo electrónico.

Donald Unger, un alergólogo californiano de 83 años, fue reconocido con el IgNobel de Medicina por llevar más de 60 años haciendo crujir los nudillos de su mano izquierda y nunca los de su derecha para probar que este hábito no causa artritis, conclusión que publicó en 1998 en la revista Arthritis and Rheumatism. El premio a la investigación más absurda en química recayó sobre los científicos mexicanos que convirtieron tequila en diamantes. En el terreno veterinario han sido premiados los británicos Catherine Douglas y Peter Rowlinson, de la Universidad Newcastle, por demostrar que poner nombre a las vacas hace que produzcan más leche. Y los físicos Katherine K. Whitcome (Universidad de Cincinnati), Daniel E. Lieberman (Universidad de Harvard) y Liza J. Shapiro (Universidad de Texas) fueron premiados por estudiar por qué las mujeres embarazadas no se caen.

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Cuidado al escribir, buen mentiroso

Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo, dice el refrán. Sobre todo si se analiza su escritura, según acaba de demostrar un grupo de científicos de la Universidad de Haifa, en Israel. En lugar de recurrir al polígrafo o analizar el lenguaje corporal, Gil Luria y Sara Rosenblum pusieron a prueba el nivel de franqueza de 34 voluntarios mientras les pedían que, usando un bolígrafo electrónico sensible a la presión, escribieran sobre una tableta gráfica historias en las que combinaban párrafos de recuerdos verdaderos con narraciones inventadas.

Analizando la escritura con ayuda del ordenador, los investigadores comprobaron que cuando los sujetos “mentían” presionaban menos el bolígrafo y hacían trazos más largos y letras más altas que en aquellos párrafos en los que narraban hechos verídicos. Estos rasgos no eran detectables a simple vista, lo que impide a los mentirosos “ocultarlo”.

Los científicos sugieren que la escritura manual cambia al mentir porque el cerebro se ve forzado a trabajar más duro cuando tiene que inventarse información. El estudio ha sido publicado en la revista Applied Cognitive Psychology.

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El tamaño del caco no importa

Haciendo el acostumbrado chequeo rutinario en la red, me topé con el dato de que el tamaño del cerebro no determina la habilidad para aprender. Más bien la distribución de las neuronas y el grado de interacción entre ellas son la razón de las capacidades cognitivas que algunas personas muestran. Ahora entiendo porqué mi amigo Arturo es tan inteligente a pesar de tener una cabeza tamaño normal, y porqué "un fulano por ahí" es tan torpe a pesar de ese cabezón que tiene.

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